Nos vamos de vacaciones en plena pandemia (no se lo cuentes a nadie)

Parte del encanto de los viajes de placer era compartirlos con los demás. Ahora, debido al riesgo de contagio por coronavirus, algunos viajeros están guardando con discreción sus planes de vacacionar.

La pandemia presenta un caso único en el que los viajes entran en la esfera moral, porque hay dos cosas que suceden cuando viajamos: la primera es que me pongo en riesgo y la segunda es que, al ponerme en riesgo, podría estar propagando el coronavirus a otras personas”.

Presentamos un artículo realizado en España meses antes de periodo estival Europeo, que nos puede ayudar a tomar importantes decisiones en este Verano 2021.

Coronavirus, vacaciones de verano y contagios: ¿Es seguro ir a una playa o piscina?

Se acerca el verano y, tras estar tantos meses encerrados, muchos sueñan con poder tomarse unos días de vacaciones en la playa o un hotel con piscina. Pero ¿Es seguro en medio de la pandemia del Coronavirus?

Por las propias características del virus, el clima cálido baja el nivel de contagio, aunque no lo frena, y en cuanto a la transmisión del virus en el agua, la Organización Mundial de la Salud (OMS) basó sus recomendaciones en las evidencias científicas recogidas para otros coronavirus.

“La morfología y la estructura química de este virus es similar a las de otros coronavirus para los cuales, si existen datos de supervivencia”, dice el informe.

 

Contagio de Coronavirus en piscinas

El cloro que se usa como desinfectante en las piscinas facilita la muerte del coronavirus que causa la covid-19. El porcentaje de cloro que debería tener una piscina es de entre 0,5 y 2 miligramos por litro. Su uso es obligatorio en muchos países por normativa sanitaria desde hace años, como es el caso de Chile.

En muchos países, como por ejemplo Brasil, ya están abiertos los hoteles con las piscinas habilitadas, incluso resorts.

Según Joan Grimalt, investigador del Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua de España, “una contaminación dentro del agua es improbable, pero es mucho más improbable en agua salada o en agua de piscina“.

Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC, por sus siglas en inglés) coinciden en que “el funcionamiento y mantenimiento adecuados de piscinas, jacuzzis, spas o áreas de juego con agua deberían inactivar el virus”.

“Lo recomendable es que dos o tres veces al día se desinfecten las superficies con las que entra en contacto mucha gente: barandas de las escaleras, botones de la ducha, etc.”, explica Grimalt. “Aunque no sea obligatorio, otra cosa que nosotros aconsejamos es, en la ducha previa al baño, usar un poco de jabón para asegurarnos de que la desinfección es total”.

En cuanto a las piscinas cubiertas y climatizadas, las recomendaciones son las mismas. “Además, el vapor de agua que se genera en el ambiente también contiene cloro, así que no hay que tomar precauciones extra”.

“En las piscinas grandes suele haber una persona de mantenimiento o un sistema automático que suministra el cloro, controla el pH y demás características del agua, por lo que en esos casos sabemos que se cumplen todas las recomendaciones técnico-sanitarias”, indica Grimalt. “El problema está en las piscinas de comunidades de vecinos, o en las particulares, pues al ser más pequeñas no siempre existen estos sistemas y no está tan controlado”.

El CSIC español insiste en que es la aglomeración pública en las piscinas o playas lo que puede poner en riesgo a las personas, al igual que pasa en cualquier sitio. Es decir, el agua en sí, manteniendo el nivel adecuado de cloro, no esparce el virus.

Hay que mantener las distancias de seguridad entre los grupos que están sentados en el césped, en mesas o en las reposeras, y usar mascarilla en los vestuarios o si te acercas a saludar a un conocido”, nos recuerda Grimalt.

 

Contagio de Coronavirus en playas

“El agua de mar tiene sal y se ha comprobado experimentalmente que este elemento desactiva o destruye la covid-19”, afirma Grimalt. Esto es “muy normal”, y pasa con muchos virus. A la reacción ante la sal de mar hay que añadir el “efecto dilución”. El virus se disemina en el agua y esto rebaja su poder de infección.

“Para infectarse, una persona necesita estar expuesta a un número mínimo de partículas virales“, expone Bruce Ribner, director médico de la Unidad de Enfermedades Transmisibles Graves del Hospital de la Universidad Emory, en Estados Unidos.

“Cualquier secreción que vaya al agua, como por un estornudo o tos, se diluirá rápidamente. Esto haría que la probabilidad de que una persona se exponga a la cantidad mínima de partículas virales requeridas para causar infección es muy pequeña y, en una situación de la vida real, demasiado pequeña para estar preocupados”, añade.

En cuanto a la arena, es difícil que propicie el contagio de Coronavirus por el sol, la salinidad y la rugosidad de la superficie. La luz ultravioleta del sol destruye al virus en la arena, además la arena tiene altas concentraciones de sal del mar que la baña, y “se ha visto es que en superficies rugosas los Coronavirus permanecen menos tiempo”, afirma Grimalt.

 

Contagio de Coronavirus en agua dulce de ríos, lagos o arroyos

Si bien las piscinas bien tratadas y el agua de mar son lugares seguros, bañarse en ríos, lagos y aguas con poca circulación, está desaconsejado.

“Estudios centrados en otros Coronavirus, con características similares al SARS-CoV-2, han demostrado que los virus siguen siendo temporalmente infecciosos en ambientes naturales de agua dulce“, cuenta el informe del CSIC.

Con toda esta información, ¿irías a la playa o una piscina en la próxima temporada de verano? ¡Contanos en los comentarios!

omo cada verano, el calor aprieta, y nos preguntamos si es seguro ir a la piscina a refrescarnos. En un año atípico y marcado por la pandemia de COVID-19, las instalaciones han reabierto sus puertas con muchas medidas de seguridad para evitar los riesgos.

¿Es posible la transmisión del SARS-CoV-2 en el agua de la piscina? En principio, todos los coronavirus tienen tendencia a inactivarse en contacto con el agua, por lo que este es un medio en el que, a priori, las posibilidades de supervivencia del virus son bajas. “Además, en las piscinas se aplican tratamientos desinfectantes con cloro destinados precisamente a evitar contagios de persona a persona no solo de virus, sino también de bacterias y de todo tipo de patógenos”, nos explica Joan Grimalt, investigador del Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua (IDAEA-CSIC).

Grimalt es autor, junto a otros expertos del CSIC, de un informe que analiza precisamente la transmisión del virus causante de la COVID-19 en playas y piscinas. “En piscinas y spa, en dónde el uso de agentes desinfectantes está ampliamente implantado con el fin de evitar la contaminación microbiana de las aguas por la afluencia de usuarios, la concentración residual del agente de desinfección presente en el agua debería ser suficiente para la inactivación del virus”, se indica en una de las conclusiones del citado estudio.

¿Todas las piscinas son iguales? “En las piscinas grandes (municipales, de hoteles, en centros deportivos, etc.) suele haber una persona de mantenimiento o un sistema automático que suministra el cloro, controla el pH y demás características del agua, por lo que en esos casos sabemos que se cumplen todas las recomendaciones técnico-sanitarias”, indica Grimalt. “El problema está en las piscinas de comunidades de vecinos, o en las particulares, pues al ser más pequeñas no siempre existen estos sistemas y no está tan controlado. Este año, con más razón que nunca, los encargados de la gestión de estas instalaciones tienen que asegurarse de que el nivel de cloro es el adecuado en todo momento”.

 

El riesgo está fuera

El mayor problema de las piscinas es que, al igual que sucede con las playas, hablamos de lugares en el que son muy frecuentes las aglomeraciones. La principal vía de transmisión del SARS-CoV-2 es aérea, ya que el virus viaja en las pequeñas gotículas de saliva que expulsamos al hablar, estornudar o toser. Por eso, en la piscina no hay que bajar la guardia y seguir las mismas recomendaciones de seguridad vigentes para el resto de espacios al aire libre. “Hay que mantener las distancias de seguridad entre los grupos que están sentados en el césped, en mesas o en las tumbonas, y usar mascarilla en los vestuarios o si te acercas a saludar a un conocido”, nos recuerda Grimalt.  “El cloro es muy importante, no solo para prevenir la transmisión de COVID-19, sino también la de bacterias como Escherichia coli y otros virus como el de la hepatitis A”.

La mayoría de piscinas municipales han reducido los aforos para garantizar que se pueda mantener la distancia física, además de tomar otras medidas adicionales. “lo recomendable es que dos o tres veces al día se desinfecten las superficies con las que entra en contacto mucha gente: barandillas de las escaleras, botones de la ducha, etc.”, explica Grimalt. “Aunque no sea obligatorio, otra cosa que nosotros aconsejamos es, en la ducha previa al baño, usar un poco de jabón para asegurarnos de que la desinfección es total”.

 

Piscinas cubiertas

Muchas personas continúan acudiendo en verano a las piscinas cubiertas, ya que en estas instalaciones es más fácil practicar natación deportiva. Aquí, las recomendaciones son las mismas que rigen para los espacios cerrados, y en lo que respecta al agua tampoco hay que preocuparse, ya que también está tratada. “Además, el vapor de agua que se genera en el ambiente también contiene cloro, así que no hay que tomar precauciones extra”.

Por otro lado, en la mayoría de las piscinas, tanto cubiertas como al aire libre, este año se ha cerrado el acceso a las duchas de los vestuarios, ya que son lugares donde es más fácil el contacto directo entre personas.

El verano de 2021 va estar, sin lugar a dudas, marcado por esta nueva normalidad establecida para frenar la expansión descontrolada del SARS-CoV-2. Tras duros meses de confinamiento y fuertes restricciones a la movilidad, todos queremos disfrutar y recuperar ese tiempo perdido, pero siempre haciéndolo con responsabilidad y con todas las precauciones. Las autoridades sanitarias no paran de repetirlo: el virus no se ha ido, y no debemos bajar la guardia si queremos evitar el colapso de los sistemas sanitarios y volver al confinamiento total.

¿Hay más riesgo de contagiarse de COVID-19 en la playa? A primeros de mayo, un equipo de investigadores del CSIC elaboró, a petición del Ministerio de Sanidad, un informe que resume el estado de conocimiento sobre el riesgo de transmisión del nuevo coronavirus en playas y piscinas y emite una serie de recomendaciones al respecto.

Una de las principales conclusiones del trabajo es que, puesto que la principal vía de transmisión del SARS-CoV-2 en playas, ríos, lagos y piscinas es a través de secreciones respiratorias que se generan con la tos y los estornudos y el contacto de persona a persona, deben mantenerse las recomendaciones generales relativas a cualquier otro espacio.

Además, como nos explica el investigador del Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua (IDAEA-CSIC) Joan Grimalt: “En el agua del mar la posibilidad de contagio es prácticamente nula debido a varias razones. La primera es que los coronavirus tienen una baja supervivencia en el agua, en cualquier tipo de agua. Por ello, la probabilidad de contagio en este medio ya es muy baja. Y, en segundo lugar, el agua de mar es salada y se ha observado que la sal también es capaz de destruir el SARS-CoV-2. La combinación de estos dos factores hace que sea extremadamente difícil contagiarse al nadar en el mar”.

Como ya hemos comentado, las mayores precauciones se deben adoptar cuando estamos fuera del agua. A pesar de que este año se han tomado medidas para limitar los aforos y garantizar el mantenimiento de la distancia física, las playas son lugares que suelen concentrar grandes aglomeraciones durante los meses de calor. “Este año hay que poner mucho énfasis en mantener las distancias entre grupos, y por grupos me refiero a familias que convivan, no a grupos de amigos. Quedar con gente para sentarse todos juntos en la playa no es una buena idea”, nos explica el científico, que también ha participado en la elaboración del citado informe.

¿Y la mascarilla? ¿Hay que ponérsela? De nuevo, sentido común y seguir las mismas recomendaciones que rigen para otros espacios abiertos: “Si te encuentras con un conocido y te acercas a saludar debes ponerte la mascarilla”, explica Grimalt. “Otra cosa es que estés tomando el sol en tu espacio convenientemente separado del resto de grupos, ahí obviamente puedes estar sin ella pues estás manteniendo la distancia”.

 

No es necesario desinfectar la arena

“Aunque no existen estudios sobre la prevalencia de virus en la arena presente en playas o riberas, la acción conjunta de la sal del agua de mar, la radiación ultravioleta solar y la alta temperatura que puede alcanzar la arena, son favorables para la inactivación de los agentes patógenos”, se explica en una de las conclusiones del informe. “No es recomendable la desinfección de los suelos de espacios naturales con los procedimientos habituales para espacios públicos urbanos. Cualquier forma de desinfección de la arena de la playa debe ser respetuosa con el medio ambiente”.

 

Ríos, pozas, embalses… un tema más complicado

En las zonas de interior es muy habitual que la gente acuda a bañarse a ríos, pozas y embalses, pero en este punto los expertos no tienen tan claro que bañarse sea 100 % seguro. Como se explica en el informe, “estudios realizados con otros coronavirus similares al SARS-CoV-2 han demostrado que los virus siguen siendo temporalmente infecciosos en ambientes naturales de agua dulce, incluidos lagos y arroyos”. Esta supervivencia depende también de factores muy variables como la temperatura del agua o el nivel de materia orgánica.

Es cierto que, como hemos comentado antes, el virus es poco resistente al agua, sea del tipo que sea. “Esto es un punto positivo, pues es bastante improbable que haya contagio en el agua”, nos explica Grimalt, “pero el riesgo va a ser muy variable en función del lugar. En sitios en los que hay corriente de agua habrá una cierta dilución, aunque no sea tan elevada como en el agua de mar. Pero si estamos, por ejemplo, nadando en una poza o en alguna zona de agua remansada y se nos pone al lado una persona que tenga el virus… ahí ya no podemos estar tan seguros de que no haya riesgo”.

Articulo de Joan Grimalt, investigador Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua España